Crema de calabaza: una receta de otoño para servir bonito

Hay platos que anuncian que ha llegado el otoño antes incluso de que miremos el calendario. La crema de calabaza es uno de ellos: cálida, suave, ligeramente dulce y con ese color naranja que parece hecho para vestir una mesa de temporada.

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Receta de crema de calabaza

Ingredientes para 4 personas

  • 1 kg de calabaza limpia
  • 1 cebolla
  • 1 diente de ajo
  • 600-700 ml de caldo de verduras
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • Sal y pimienta negra
  • Una pizca de nuez moscada
  • Nata, leche evaporada o bebida vegetal, opcional
  • Semillas de calabaza para decorar

Cómo preparar la crema de calabaza

Comenzamos cortando la calabaza en trozos y colocándola sobre una bandeja de horno. Añadimos aceite de oliva, sal y pimienta y la asamos a 200 ºC durante unos 30-40 minutos, hasta que esté tierna y ligeramente dorada en los bordes.

Este paso merece la pena: el horno concentra los azúcares naturales de la calabaza y consigue un sabor más profundo que si simplemente la cocemos.

Mientras tanto, pochamos la cebolla y el ajo a fuego suave. Cuando estén tiernos, incorporamos la calabaza asada y el caldo de verduras.

Cocinamos unos 10-15 minutos y trituramos hasta conseguir una crema fina y sedosa. Si queremos una textura más ligera, añadimos un poco más de caldo; para una versión más cremosa podemos incorporar un chorrito de nata o leche evaporada.

Terminamos con pimienta negra, una pizca de nuez moscada y unas semillas de calabaza tostadas.

¿Qué beneficios tiene la calabaza?

Además de ser uno de los grandes ingredientes del otoño, la calabaza tiene un interesante perfil nutricional. Es una fuente de vitamina A, vitamina C, fibra y potasio, y su característico color naranja se debe a los carotenoides, entre ellos el betacaroteno, que el organismo puede transformar en vitamina A.

Crema de calabaza servida en vajilla de otoño sobre una mesa

Por eso, una crema de calabaza elaborada principalmente con verduras puede ser una forma sencilla de incorporar estos nutrientes a nuestra alimentación. La receta final, naturalmente, variará nutricionalmente dependiendo de ingredientes como la nata, el aceite o el caldo que utilicemos.

Y hay algo más que nos gusta especialmente: la calabaza tiene muchísimo sabor sin necesitar una larga lista de ingredientes.

Cómo servir la crema de calabaza: la vajilla también cuenta

Aquí es donde una receta sencilla puede convertirse en una mesa preciosa.

Una crema de calabaza servida en un plato hondo blanco será siempre un clásico, pero ¿por qué no llevar la idea un poco más lejos?

Una sopera con forma de calabaza puede convertirse en la protagonista de la mesa y, al mismo tiempo, ser el recipiente perfecto para servir la crema. También podemos utilizar pequeños bowls individuales con esta forma si queremos presentar una ración para cada comensal.

La clave está en dejar que la pieza tenga protagonismo y acompañarla con una mesa sencilla: lino natural, cerámica en tonos crema, madera y unos cubiertos bonitos.

No necesitamos llenar la mesa de elementos otoñales. Una sola pieza especial puede ser suficiente para contar la historia de la estación.

Una sopera de cerámica con forma de calabaza es probablemente la pieza más especial para esta receta. Nos encanta porque funciona tanto para servir la crema como para convertirse en un elemento decorativo de la mesa.

Para una mesa más informal, podemos optar por bowls individuales con forma de calabaza. Si preferimos que la decoración sea más sutil, unos buenos bowls de cerámica blanca o crema y una servilleta de lino en tonos naturales conseguirán el mismo efecto sin tematizar demasiado la mesa.

Y para terminar, unas semillas de calabaza tostadas aportan ese pequeño toque crujiente que necesita la crema además de funcionar como decoración.

Una mesa de otoño sin complicarse

Imagina la escena: una mesa de madera, un mantel de lino color natural, platos en blanco roto, cubiertos sencillos y, en el centro, una sopera con forma de calabaza llena de crema recién hecha.

Es suficiente.

La propia receta aporta el color y la pieza de vajilla hace el resto.

Y precisamente ahí está la gracia de esta idea: no hace falta esperar a tener invitados para sacar esa pieza bonita que guardamos para una ocasión especial. Una crema de calabaza puede ser la excusa perfecta para utilizarla un domingo cualquiera.

Porque a veces hacer especial una comida no consiste en cocinar algo complicado, sino en dedicar unos minutos a pensar cómo queremos servirlo.

Y esta vez, el otoño viene servido en una calabaza.