Brunch en casa: una mañana para cuidarte, disfrutar y poner una mesa especial

Hay planes que no necesitan una fecha señalada. No hace falta esperar a que lleguen invitados, celebrar un cumpleaños o tener algo que festejar para sacar del armario esa vajilla que tanto te gusta, utilizar las tazas que con tanto amor compraste o preparar una mesa con un poco más de mimo del habitual.

A veces, el mejor plan puede ser simplemente preparar un brunch en casa y regalarte una mañana sin prisas.

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El brunch tiene precisamente ese encanto. Está a medio camino entre el desayuno y la comida, no entiende demasiado de horarios y nos invita a sentarnos durante más tiempo, picar un poco de todo, preparar café, servir fruta, compartir algo dulce y, sobre todo, disfrutar del momento. Y cuando lo hacemos en casa, podemos convertirlo además en una pequeña ocasión para poner en práctica todo aquello que nos gusta de la mesa.

Porque quizá tienes unas tazas preciosas que solo utilizas cuando viene alguien, una fuente especial que lleva meses guardada en un armario, unos vasos que compraste porque te enamoraron o una vajilla que parece demasiado bonita para utilizarla un martes cualquiera. ¿Y si precisamente hoy fuera un buen día para utilizarla?

Mesa de brunch en casa con vajilla, tazas, jarras y desayuno

El brunch como pequeño ritual de autocuidado

Estamos acostumbrados a asociar el autocuidado con reservar una tarde para nosotros, preparar un baño, leer un libro o salir a tomar un café. Pero también puede estar en algo tan sencillo como prepararnos una mesa bonita para desayunar sin mirar el reloj.

Un brunch en casa puede convertirse en ese pequeño ritual de fin de semana que marca una diferencia. Elegir qué vamos a comer, preparar el café con calma, cortar unas frutas, poner una jarra de agua fría y decidir qué vajilla queremos utilizar son gestos pequeños, pero tienen algo especial cuando dejamos de hacerlos automáticamente.

No se trata de cocinar durante horas ni de preparar un menú digno de un hotel. Tampoco de que la mesa tenga que estar perfectamente coordinada. Se trata de hacer de una comida cotidiana un momento al que hemos decidido prestar atención.

Y ahí es donde la mesa adquiere todo su sentido.

Saca esas piezas que estás esperando demasiado para estrenar

Tenemos cierta tendencia a guardar las cosas bonitas.

Guardamos la vajilla especial para Navidad, las copas para cuando vienen invitados, la fuente grande para una celebración y esa taza que nos encanta para “una ocasión”. Y, mientras tanto, pasan los meses y seguimos utilizando siempre las mismas piezas.

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El brunch es una excusa estupenda para cambiar esa costumbre.

Una fuente bonita puede ser perfecta para colocar unos croissants. Una pequeña bandeja puede convertirse en el lugar donde servir el café. Una vajilla de colores puede hacer que unas simples tostadas parezcan mucho más apetecibles y una copa bonita puede ser el recipiente perfecto para un zumo, unas frutas o incluso un pequeño cóctel de brunch.

No hace falta que una pieza tenga una ocasión asignada. Podemos crear la ocasión alrededor de ella.

Y probablemente esta sea una de las partes más bonitas de preparar un brunch en casa: descubrir nuevos usos para objetos que ya tenemos y volver a enamorarnos de ellos.

Una mesa pensada para quedarse

La mesa de brunch tiene algo diferente respecto a una mesa más formal. No necesita demasiadas reglas ni una composición rígida. Su belleza está precisamente en que parece preparada para quedarse alrededor de ella durante horas.

Podemos empezar con una base sencilla y construir a partir de ahí. Un mantel, unos individuales o incluso la propia mesa desnuda pueden funcionar dependiendo del estilo que queramos conseguir. Después llegan los platos, las tazas, los vasos, los cubiertos y todas esas pequeñas piezas que hacen que la mesa cobre vida.

La clave está en no pensar solamente en lo que necesitamos para comer, sino también en cómo queremos disfrutar de la experiencia.

Por eso las fuentes y bandejas tienen tanta importancia en un brunch. En lugar de servir cada alimento de manera individual, podemos colocar parte de la comida en el centro de la mesa para que cada persona pueda servirse.

Una gran fuente con bollería, un cuenco con fruta fresca, pequeños recipientes para mermeladas, mantequilla o frutos secos y una bonita jarra para el agua o el zumo crean una mesa mucho más generosa y relajada.

Y, además, nos permiten jugar con las alturas, las formas y los materiales.

Las tazas se convierten en protagonistas

Si hay una pieza que merece especial atención en un brunch, esa es la taza.

El café, el té o cualquier otra bebida caliente forman parte esencial del ritual y tener una taza que nos guste puede cambiar completamente la sensación de ese primer momento del día.

No hace falta que todas sean iguales. De hecho, una combinación de tazas diferentes puede resultar especialmente bonita si comparten algún elemento: una gama cromática, un material, un acabado o simplemente una estética común.

Tazas de cerámica para preparar un brunch en casa

Una taza artesanal junto a una vajilla sencilla. Una pieza estampada sobre una mesa neutra. Cerámica de colores mezclada con cristalería transparente. El brunch permite jugar.

Y quizá esa sea otra de sus grandes virtudes: no necesitamos construir una mesa perfecta, sino una mesa que nos apetezca habitar.

Fuentes, bandejas y cuencos: pequeños protagonistas

Hay piezas que quizá no utilizamos todos los días, pero que en un brunch encuentran un lugar perfecto.

Las fuentes grandes son ideales para presentar panes, bollería, tortitas o fruta. Las bandejas permiten agrupar varias cosas y llevarlas fácilmente a la mesa, mientras que los pequeños cuencos son perfectos para todo aquello que queremos ofrecer en pequeñas cantidades: yogur, frutos secos, semillas, miel, mermeladas o fruta cortada.

Y aquí aparece una de nuestras partes favoritas de poner la mesa: servir también es decorar.

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No hace falta añadir muchos elementos decorativos cuando la propia comida está bien presentada. Una fuente llena de fresas, unas naranjas cortadas, unos croissants dorados o un bol de yogur con fruta pueden aportar color, volumen y textura a la mesa.

La comida también forma parte de la composición.

¿Y qué ponemos en un brunch?

La respuesta puede ser tan sencilla como queramos.

El encanto del brunch está precisamente en poder combinar diferentes cosas sin necesidad de construir un menú demasiado elaborado. Podemos tener algo dulce, algo salado, fruta fresca y nuestras bebidas favoritas.

Pan tostado, huevos, queso, yogur, fruta, bollería, mermeladas, aguacate, tortitas… La combinación dependerá de nuestros gustos y del tiempo que tengamos.

>Si necesitas inspiración para las recetas te dejamos por aquí el enlace al libro Brunch (Come bonito) donde no sólo encontrarás recetas riquísimas sino también saludables y fáciles de preparar.

Pero hay algo que sí merece la pena cuidar: la forma de llevarlo a la mesa.

En lugar de mantener cada cosa en su envase o servirla directamente desde la cocina, podemos utilizar nuestras piezas favoritas. Pasar la mermelada a un pequeño cuenco, colocar el pan en una cesta, servir la fruta en una fuente y preparar el café en una cafetera bonita hace que incluso un desayuno muy sencillo tenga otra presencia.

Es ese pequeño gesto de convertir lo cotidiano en algo especial.

Una mesa bonita también puede ser para una sola persona

Y aquí está quizá una de las ideas que más nos gustan.

No necesitas organizar un brunch para seis personas para disfrutar de todo esto. Puedes preparar una mesa para ti.

Un plato bonito, tu taza favorita, una pequeña fuente con fruta, una copa para el zumo y una servilleta que normalmente reservarías para invitados. Nada más.

Porque poner una mesa bonita no debería estar reservado para cuando tenemos que impresionar a alguien. También podemos hacerlo para nosotros mismos.

Mesa para una persona con desayuno y vajilla especial

De hecho, una mesa para una persona puede ser una oportunidad maravillosa para experimentar. Probar una combinación de vajilla que nunca habíamos utilizado, sacar esa pieza que tenemos guardada o simplemente preparar el desayuno con más cuidado del habitual.

Y si el plan es compartirlo, todavía mejor. Un brunch con amigas, en pareja o en familia puede convertirse en uno de esos planes sencillos que terminan ocupando toda la mañana.

Un toque de flores para terminar

No hace falta convertir la mesa en un jardín. En un brunch, unas pocas flores pueden ser suficientes para aportar ese punto fresco y especial que buscamos.

Un pequeño ramo en un jarrón bajo, algunas ramas verdes o incluso unas flores sueltas colocadas en pequeños recipientes pueden acompañar la mesa sin robar protagonismo a la vajilla y a la comida.

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También podemos utilizar elementos que ya tengamos en casa: una botella de cristal como improvisado jarrón, un pequeño vaso para una flor o incluso una fuente bonita rodeada de unas ramas verdes.

La idea es que todo parezca natural, como si la mesa hubiera ido tomando forma poco a poco durante esa mañana tranquila.

Porque no hace falta esperar a una ocasión especial

Quizá esa sea la verdadera magia de un brunch en casa.

No necesita una celebración. No necesita una excusa. Ni siquiera necesita invitados.

Solo hace falta tener un poco de tiempo, algo rico que llevar a la mesa y ganas de disfrutar de esas piezas que hemos ido coleccionando porque nos gustan.

Una taza especial. Una fuente que llevaba demasiado tiempo guardada. Unas copas que normalmente solo salen en Navidad. Una vajilla que nos hace sonreír.

Las cosas bonitas también están para usarlas.

Así que la próxima vez que llegue el domingo y no tengas ningún plan, quizá no necesites buscar uno fuera de casa. Prepara café, corta algo de fruta, saca esa vajilla que estabas guardando y pon la mesa como si estuvieras esperando a alguien muy especial.

Porque, en realidad, lo estás haciendo.