4 flores que llevar a tu mesa este otoño

Hay algo especial en las flores cuando cambia la estación.

Durante el verano buscamos ligereza, colores luminosos y composiciones que parezcan recién recogidas del jardín. Pero cuando septiembre empieza a teñir las tardes de dorado, también cambia nuestra manera de mirar la mesa. Apetece bajar ligeramente la intensidad de la luz, sacar las vajillas más cálidas y dejar que aparezcan sobre el mantel o  la madera, tonos que durante el resto del año quizá no elegiríamos: burdeos, terracota, naranja quemado, ciruela, rosa viejo, amarillo cálido…

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A veces basta con unas flores.

Este año hay cuatro que especialmente llevaríamos a nuestra mesa: dalia, crisantemo, zinnia y escabiosa. Cuatro flores muy diferentes entre sí que, juntas, permiten construir composiciones con volumen, textura y ese punto ligeramente melancólico que hace tan especial a esta época del año.

Y lo mejor es que todas tienen algo que contarnos sobre la temporada.

Dalia en tonos cálidos utilizada para decorar un centro de mesa de otoño.

1. Dalia: la gran protagonista del otoño

Si tuviéramos que escoger una sola flor para representar el comienzo del otoño, probablemente sería la dalia.

Sus flores pueden ser enormes o delicadas, perfectamente ordenadas o ligeramente despeinadas, y aparecen en una variedad de formas casi infinita. Pero si hay algo que las hace especialmente interesantes para una mesa es su capacidad para llenar un jarrón prácticamente por sí solas.

Septiembre es uno de sus grandes momentos del año. En España, las floristerías la sitúan precisamente entre las flores especiales de septiembre y octubre, mientras que en climas del hemisferio norte su temporada de floración puede prolongarse hasta bien entrado el otoño.

Y entonces llegan los colores. Hay dalias en rosa empolvado, melocotón, crema, amarillo, rojo oscuro, burdeos e incluso tonalidades que parecen mezclar varios de ellos en un mismo pétalo.

Para una mesa otoñal nos encantan especialmente las variedades en terracota, salmón, burdeos y rosa viejo.

Una composición sencilla de tres o cuatro dalias en un jarrón bajo puede ser suficiente para vestir una mesa de comedor. Si quieres algo más abundante, puedes añadir ramas verdes o pequeñas flores secundarias y dejar que las dalias sigan siendo el punto focal.

Eso sí: es una flor preciosa pero relativamente delicada como flor cortada, así que merece la pena comprarla fresca y tratarla con cuidado. Precisamente su carácter efímero forma parte de su encanto.

Crisantemo de flor grande en tonos cálidos para un centro de mesa otoñal

2. Crisantemo: mucho más que la flor que creíamos conocer

Quizá ninguna otra flor necesite tanto una segunda oportunidad como el crisantemo.

Durante años ha quedado asociado casi exclusivamente a una imagen muy concreta, pero basta con descubrir las variedades de floristería y jardín para darse cuenta de que existe todo un universo detrás de ese nombre.

Flores en forma de pompones, margaritas, arañas, botones… y una paleta que va desde el blanco y el amarillo hasta los rosas, cobres, salmones, rojos y tonos bronce.

Además, es una auténtica flor de otoño. Muchas variedades florecen entre septiembre y noviembre, y algunas prolongan su floración hasta diciembre.

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Para la mesa, nos interesan especialmente los crisantemos de tonos salmón, amarillo dorado, bronce o rojo oscuro.

Su estructura también resulta muy útil al crear un centro floral. Mientras una dalia puede actuar como protagonista, el crisantemo ayuda a llenar los espacios y a construir volumen alrededor de ella.

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Una combinación que nos encanta: dalia burdeos + crisantemo en amarillo cálido.

El contraste resulta intenso, pero sigue teniendo ese aire de final de verano y comienzo de otoño que buscamos.

Zinnias en tonos naranja, rosa y burdeos en una composición floral de transición entre verano y otoño

3. Zinnia: el último recuerdo del verano

La zinnia es, de las cuatro, la que llega con un pie todavía en el verano.

Su temporada se concentra principalmente en los meses cálidos y alcanza su máximo esplendor en agosto y septiembre, aunque algunas variedades pueden prolongar su floración hasta principios de octubre.

Y precisamente por eso nos gusta tanto aquí. Porque no todo tiene que cambiar de golpe cuando llega septiembre.

Las zinnias aportan un aspecto más espontáneo y desenfadado que las dalias o los crisantemos. Sus flores, disponibles en tonos que van desde el amarillo y el naranja hasta el rosa, rojo, burdeos y crema, permiten introducir color sin que la composición parezca demasiado solemne.

En una mesa de transición entre verano y otoño, una mezcla de zinnias naranjas, rosas y burdeos puede ser preciosa.

También funcionan especialmente bien en pequeños ramilletes repartidos por la mesa, en lugar de concentrarlas todas en un único centro.

Son la flor perfecta para recordar que el otoño no empieza necesariamente con un cambio radical. A veces llega poco a poco.

Flores de escabiosa en tonos violáceos aportando ligereza y movimiento a un centro de mesa otoñal.

4. Escabiosa: el detalle inesperado

Y entonces aparece la escabiosa.

Más pequeña, más ligera y mucho menos protagonista que las anteriores, quizá sea precisamente la que consiga que el centro floral resulte especial.

Sus pequeñas cabezas florales, en tonos violáceos, malva o rosados, tienen un aspecto casi silvestre. No buscan dominar la composición; la acompañan.

En la zona mediterránea puede encontrarse en flor durante prácticamente todo el año, por lo que septiembre y octubre siguen siendo una época perfectamente válida para incorporarla a nuestros arreglos.

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Y eso nos da una ventaja preciosa.

Mientras la dalia aporta el volumen, el crisantemo la estructura y la zinnia el color, la escabiosa introduce movimiento y ligereza.

Es ese pequeño detalle que hace que un ramo deje de parecer perfectamente diseñado y empiece a parecer recogido en un jardín.

Cómo combinar las cuatro sin que la mesa parezca demasiado otoñal

Aquí está, quizá, nuestra parte favorita.

Porque cuando hablamos de flores de otoño existe el riesgo de pensar inmediatamente en una paleta formada exclusivamente por naranja, marrón y granate.

Y no tiene por qué ser así.

Una mesa otoñal puede ser mucho más sofisticada.

Ramo de otoño con dalias, crisantemos, zinnias y escabiosas en tonos terracota, burdeos, rosa y ciruela.

Imagina una base de flores en rosa viejo y crema, con algunas dalias en terracota, pequeños crisantemos amarillos y unas escabiosas violáceas asomando entre los tallos.

O una composición más intensa, con burdeos, ciruela y naranja quemado, acompañada de hojas verdes profundas.

Incluso puedes dejar que el color de la vajilla sea quien marque el camino. Una mesa con cerámica verde puede admitir flores en tonos vino y rosa viejo; una vajilla blanca permite prácticamente cualquier combinación; y una pieza en tonos terracota puede convertirse en el punto de partida de todo el arreglo.

La clave está en no intentar que todo parezca otoño al mismo tiempo.

Si las flores tienen mucha presencia, podemos mantener el resto de la mesa más sereno. Si la vajilla ya tiene color o estampado, quizá basten unas pocas flores en tonos complementarios.

El otoño no necesita ser temático. Solo necesita sentirse.

Una composición para cada tipo de mesa

No todas las mesas piden el mismo ramo.

Para una mesa elegante, escogeríamos dalias y crisantemos en tonos burdeos, crema y rosa viejo, con muy pocas flores secundarias.

Para una mesa de inspiración campestre, dejaríamos que la escabiosa y la zinnia ganasen protagonismo, mezclándolas con pequeñas ramas y follaje.

Para una mesa mediterránea de otoño, buscaríamos tonos terracota, amarillo cálido y rosa apagado, evitando que la composición resulte excesivamente oscura.

Mesa contemporánea de otoño iluminada con velas y decorada con flores en tonos burdeos, naranja y ciruela.

Y para una mesa más contemporánea, reduciríamos la paleta a dos o tres colores y utilizaríamos las flores de forma casi escultórica: una gran dalia, varios tallos de crisantemo y pequeñas escabiosas sobresaliendo entre ellos.

Porque la misma flor puede contar historias completamente diferentes dependiendo de cómo la acompañemos.

El otoño también puede florecer sobre la mesa

Quizá esa sea la razón por la que nos gustan tanto las flores de esta estación.

No tienen la luminosidad despreocupada de las flores de verano, pero tampoco necesitan tenerla.

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Hay algo más profundo en sus colores y en sus formas. Las dalias parecen más abundantes, los crisantemos recuperan toda su personalidad, las zinnias se despiden lentamente del verano y las escabiosas aparecen entre ellas como pequeños puntos de color.

Cuatro flores distintas. Cuatro maneras de entender el otoño. Y una misma idea: no hace falta cambiar por completo nuestra mesa para recibir una nueva estación. A veces basta con dejar que unas flores nos cuenten que ha llegado.

Ficha botánica de otoño

Dalia
La protagonista. Voluminosa, espectacular y perfecta para crear un centro floral con presencia. Su temporada destaca especialmente en septiembre y octubre.

Crisantemo
La estructurada. Resistente y muy otoñal, con variedades que florecen de septiembre a noviembre y una enorme variedad de formas y colores.

Zinnia
La espontánea. Una flor de transición entre el verano y el otoño, especialmente interesante a finales de verano y durante septiembre.

Escabiosa
La delicada. Ligera, silvestre y perfecta para aportar movimiento a los arreglos. En el Mediterráneo puede encontrarse en flor durante gran parte del año.