Montar una mesa bonita no depende necesariamente de tener una gran colección de vajillas o de reservar la mesa solo para ocasiones especiales. En la mayoría de los casos, las mesas que resultan más agradables visualmente si parten de algo mucho más sencillo: una buena base, algunos elementos bien elegidos y una composición equilibrada.
Conseguir todo esto es posible cuando los materiales, los colores y las proporciones funcionan juntos. De esta manera la mesa transmite una sensación de cuidado que se percibe incluso antes de empezar a comer.
Con unos pocos elementos bien elegidos, que incluyan un toque personal, cualquier mesa puede transformarse en un espacio más acogedor y estético.
La vajilla como punto central de la mesa
En cualquier composición de mesa, la vajilla ocupa el lugar principal. Los platos marcan el estilo general de la mesa y definen el espacio de cada comensal.
Las vajillas blancas o en tonos neutros siguen siendo una de las opciones más versátiles, ya que permiten adaptarse a distintos estampados y texturas de los textiles, centros de mesa o combinaciones de colores. Además, funcionan igual de bien en una comida cotidiana que en una mesa más cuidada para invitados.
Por otro lado, las vajillas con diferentes motivos, texturas o acentos de color, dotan a la mesa de un carácter especial. Integrándolas de una manera equilibrada y tratando de que el resto de elementos la acompañen, se puede construir una mesa con personalidad propia.
La vajilla, en cierta manera, es el mejor lienzo en el que construir el resto de la mesa.
Los textiles como puntos de color y textura
El siguiente paso a tener en cuenta a la hora de montar una mesa sería la mantelería, ya que actúa como el fondo sobre el que se apoyan los demás elementos. Un mantel adecuado puede suavizar la mesa, aportar textura y definir la paleta de colores de la composición.
Los manteles de lino o algodón en tonos neutros se han convertido en una opción muy habitual porque resultan fáciles de combinar y transmiten una sensación natural. También es posible utilizar caminos de mesa o individuales si se busca una estética más ligera.
En algunas ocasiones, es coherente no utilizar un mantel y dejar a simple vista el material de la propia mesa, aprovechándolo como un elemento más de la composición.
Cuando la base es tranquila y equilibrada, resulta más sencillo añadir otros elementos sin que la mesa se perciba como recargada.
Las servilletas, pequeños detalles que aportan carácter
Las servilletas pueden verse como piezas básicas de la mesa, pero cumplen una función muy interesante introduciendo: color, contraste o textura sin alterar demasiado la composición en general.
En mesas contemporáneas, las servilletas de lino o algodón suelen presentarse con pliegues simples o colocadas de forma natural sobre el plato. Este gesto sencillo refuerza la sensación de mesa cuidada sin que resulte excesivamente formal.
Elegir un tono que dialogue con la mantelería o con algún detalle del centro de mesa ayuda a crear una composición más coherente.
La cristalería combinación de copas y vasos en equilibrio
La cristalería es uno de los elementos que aportan mayor sensación de ligereza a la mesa. Las copas transparentes permiten que la luz circule entre los objetos y evitan que la composición se vuelva demasiado pesada visualmente.
En mesas cotidianas, un vaso o una copa de agua pueden ser suficientes. En mesas más complejas, se añaden copas de vino que se organizan en la parte superior del plato.
[Blog colocar copas – protocolo]
Más allá del número de piezas, lo importante es que mantengan cierta armonía con la vajilla y que no saturen el espacio.
Centros de mesa como elemento que da vida a la composición
Los centros de mesa introducen un punto de interés visual que conecta todos los puestos. No necesitan ser grandes ni especialmente elaborados, de hecho, en muchas ocasiones los centros más sencillos son los que mejor funcionan.
Pequeños jarrones con flores frescas, ramas de follaje o incluso una vela bien situada pueden aportar calidez y equilibrio. La altura es un factor importante: cuando los centros son demasiado altos, pueden dificultar la conversación entre los comensales.
La idea es que el centro acompañe la mesa, no que la domine.
En resumen: trabajar por capas para conseguir una mesa equilibrada
Una forma sencilla de entender cómo se construye una mesa bonita es pensar en capas. Primero aparece la base: la mantelería o la superficie de la mesa, después construimos a través de la vajilla, añadimos la cubertería y cristalería y más tarde las servilletas, para finalizar con los detalles decorativos.
Esta superposición crea profundidad visual y hace que la mesa resulte más interesante incluso cuando los elementos son pocos o muy sencillos.
Los estilistas de interiorismo utilizan este recurso con frecuencia porque permite construir mesas elegantes sin necesidad de añadir demasiados objetos o de complicarse demasiado con combinaciones.
Es importante mantener la mesa despejada
Uno de los errores más habituales al intentar decorar una mesa es añadir demasiados elementos al mismo tiempo. Cuando hay exceso de objetos, la mesa pierde claridad y resulta menos funcional.
Una mesa bonita suele ser también una mesa equilibrada, donde cada pieza tiene su lugar y donde los espacios vacíos permiten que la composición respire.
En muchas ocasiones, reducir el número de elementos mejora inmediatamente el resultado.
A partir de ahí, cada casa puede adaptar estos elementos a su propio estilo y a la forma en que vive el momento de sentarse a la mesa.